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Mientras tanto no mientan tanto

jueves, 25 de marzo de 2010

Mario Decara, el millonario Defensor del Pueblo preocupado por la pobreza


Declara un millón de dólares en propiedades, pero asegura que “somos cada día más pobres”

Una excepcional habilidad para los negocios lo ha hecho millonario durante el brevísimo tiempo en que no vivió de un sueldo del Estado, según su declaración jurada. Al igual que el Ministro Carlos Caserio, sus patrimonios personales crecieron mientras creció la pobreza en la sociedad que gobiernan.

Llámese inflación, reacomodamiento de precios, incremento de precios relativos, estacionalidad, consecuencia de la sequía o porque llovió, lo cierto es que somos cada día más pobres”.
Así lo expresó textual Mario Decara, el Defensor del Pueblo de la Provincia, en una columna suya publicada en La Voz del Interior, el matutino que intenta anestesiarnos cada mañana para que no sepamos qué es lo que ocurre en Córdoba, haciéndonos más miopes, ignorantes y socialmente retrasados.
La Voz se encargó del título de la nota editorial de Súper Mario. Bajo la volanta “El drama social”, titula: “La inflación y la pobreza generan exclusión”. Un visionario este Decara, que posa con rostro compungido en la foto del diario porque el salario mínimo de $ 1.500 apenas cubre la canasta básica y eso deja a “muchas familias cordobesas por debajo de la línea de la pobreza”. Pero como buen Defensor del Pueblo, Decara combate el flagelo social a brazo partido, empezando por el principio: su sueldo era en octubre de 2008 de $ 9.930 (más de seis veces que el de un pobre asalariado). Y los sueldos del batallón de empleados y asesores de la Defensoría, arribados en su mayoría de la mano de Súper Mario, rondan los $ 6.000 por cabeza.

Veinte y cinco años trabajando en la política
Desde 1983 a la fecha, Súper Mario ha gozado el privilegio de contar durante veinte años de un sueldito del Estado. Dos veces intendente de Huerta Grande, senador provincial, diputado provincial, unos cinco años de descanso en la función pública, y luego Defensor del Pueblo.
Su meteórica carrera política se inició siendo electo por el voto ciudadano. Podría afirmarse que hasta su elección como senador, en 1991, Decara buscó y gozó del reconocimiento popular, exponiéndose abiertamente ante el electorado. Pero luego de Senador fue electo Diputado, yendo en la lista sábana del Partido, y sin más necesidad de exponerse públicamente. Así, a partir de 1995, Súper Mario se refugió ciento por ciento en la operación política y el tráfico de influencias. Prefirió poner candidatos, hombres y mujeres en lugares con expectativas de poder en intendencias, concejos deliberantes y la Legislatura de Córdoba, pero sin aparecer más que como una sombra detrás del poder que construía. También impulsó al estudio Piñeiro y Asociados en la procuración de decenas de municipios.
Luego apareció en la lista de candidatos a diputados nacionales, y sin hablar ni con sus vecinos esperó el resultado trabajando en las sombras. No se le dio.
Finalmente, cosechando ahora sí los frutos de su trabajo empecinado en la política, logró que una ajustada y cuestionada mayoría de legisladores provinciales lo eligiera, Carlos Caserio mediante, como Defensor del Pueblo. Y fue cuando se expuso por primera vez en casi quince años ante la opinión pública, que lo recibió con una tormenta que volvió a afectar su imagen pública, de por sí gastada entre quienes lo conocen más de cerca, en el centro de Punilla.
Si tenemos en cuenta que ingresó a la función pública con menos de treinta años de edad, y que por más de veinte años vivió de un sueldo público en estos 26 años de democracia continuados, llegaremos a la conclusión de que es un récord la fortuna personal que ha amasado en tan poco tiempo de actividad comercial privada, considerando que, como se supone, no puede una persona hacerse millonario con los sueldos del Estado, por muy buenos en términos relativos que estos fuesen.
Súper Mario declara un millón de dólares en propiedades, más un par de autos que suman $ 144.000, más u$s 54.211 en depósitos bancarios en moneda extranjera, y $ 17.840 en depósitos en moneda nacional, todo de él y su cónyuge, según la Declaración Jurada Patrimonial presentada el 07 de octubre de 2008, la última que puede rastrearse en Internet.

La pobreza social y la riqueza de los dirigentes
“El pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes”, subraya uno de los fundamentos dogmáticos de nuestro sistema de representación político. Por analogía, y en términos generales, el pueblo no se enriquece o empobrece sino a través de sus representantes, que son quienes tienen a su cargo por elección popular la administración general de recursos.
¿Cuál fue la evolución de la riqueza y la pobreza de nuestra sociedad en los últimos 25 años? A nadie le cabe duda del palpable crecimiento de la pobreza. No sólo del mayor número de pobres e indigentes, sino de la pauperización de lo que queda de la clase media. O sea que en términos sociales, somos más pobres hoy que ayer. Pero la excepción a esta regla impiadosa han sido los Decaras, los Caserios, y los Amigos del Poder que anidan bajo sus alas, quienes no paran de hacer crecer sus riquezas personales en un contexto que va en sentido contrario.
Bajo el gobierno de este tipo de representantes políticos nos empobrecimos. Y bajo su gobierno se enriquecieron, en términos relativos, de modo desmesurado.
Sus millones de dólares en propiedades son una bofetada al sentir común de los vecinos.
Y lo peor que puede pasarnos es creer que ellos, precisamente, vienen ahora a preocuparse por los pobres y los indigentes. A defendernos de los ladrones con la Policía que tienen a su cargo, y de los abusos del poder desde la Defensoría del Pueblo.

viernes, 19 de marzo de 2010

Buonamico sigue haciendo negocios privados desde Turismo


“La Falda es una mierda”, dijo el ciudadano ilustre de La Falda, Gerardo Sofovich
En otro de sus grandes éxitos de temporada, el Secretario de Turismo Daniel Buonamico anunció con bombos y platillos que el decadente espectáculo “El show de la noche del domingo”, con Gerardo Sofovich y elenco, se desarrollaría todos los jueves, sábados y domingo de enero y febrero en el Hotel Edén de los Amigos del Poder. En la cumbre del éxtasis, alzando la copa de champán, Sofovich felicitó a los faldenses la noche de apertura de temporada “por el Intendente que tienen aquí”, en referencia al Gran Pez Marcos Sestopal, casualmente esa noche en la ciudad que ¿gobierna?
Luego hubo una presentación del espectáculo para la prensa e invitados. Y más luego la primera función con entrada paga, a la que no asistió casi nadie. Apenas una semana más tarde, en Villa Carlos Paz, Sofovich dijo en rueda de amigos y en presencia de algunos faldendenses: “La Falda es una mierda”, y dio por terminada su aventura serrana en esta ciudad, cuyas autoridades no dudaron en prostituir su principal monumento histórico para poner en el ingreso del Edén Hotel una gigantografía con el rostro de actores decadentes y gatitas de la tv ¿Para eso fue concesionado por 30 años? ¿Este es el proyecto que haría al desarrollo turístico de la ciudad?
Lejos de toda preocupación por la suerte de los vecinos cuyos interesas comunes administra, no sólo pasó de ser monumento histórico a teatro de revistas con fantasmitas que se aparecen ridículamente por las habitaciones del Edén, sino que aún puede verse otra gigantografía del fantoche de Sofovich ocupando toda una inmensa cartelera frente a la Secretaría de Turismo local, en la ex Estación del Ferrocarril.
Con los dineros de todos, Buonamico y el Gran Pez les pagan toda la propaganda y los gastos a los empresarios que venían a invertir en la ciudad. Y lo hacen como si fuera lo único que puede ofrecer La Falda. El Edén fue concesionado por 30 años, pero nadie nos había advertido que las aventuras empresariales de estos Amigos del Poder debíamos pagarlas entre todos. Nadie imaginaba, o tal vez sí y por ello los reparos de entonces, que se bastardeara el monumento histórico de la forma en que se lo hace. Pero como podemos observar, a la pareja Buonamico – Sestopal no les tiembla el pulso a la hora de pagar los gastos y las “inversiones” de los amigos.

“Vendí el negocio por una cuestión de ética”
Así salió a decir Buonamico tras la venta de “La Casa de Nelly”, el lugar de vinos y tablas de calle San Lorenzo, justito donde armó otra vez el escenario con espectáculos de entrada libre, mal llamados gratuitos, sobre todo cuando van apareciendo los montos de los contratos artísticos y “los gastos anexos” que incluyen. O sea nada de gratuito para la ciudad.
La increíble frase de Buonamico era en respuesta inequívoca a una nota de este cronista, cuando en relación a los beneficios directos que recibía su negocio particular por los cincuenta espectáculos que le permitía poner una veintena de mesas dentro del corralito exclusivo frente al escenario, salió a informar la venta del fondo de comercio en cuestión, ante la flagrante colisión de intereses público y privado que lo tenían como doble protagonista. Por un lado Secretario de Turismo que decidía la ubicación del escenario, y por el otro dueño de un bar que lo beneficiaba directa e indubitablemente. Buonamico se beneficiaba así mismo con el uso de dineros públicos y el poder que le confiere su carácter de funcionario específico del área.
Vendí el negocio por una cuestión ética”, fue en respuesta a la primera frase de aquella crónica, donde se expresaba que “pedirle ética a Buonamico es como pedirle peras al olmo”.
Así, creyendo que todos somos lo bastante idiotas como para aceptar sus argumentos infantiles, salió a dar respuesta el Secretario de Turismo.
El bar que vendió ¿vale lo mismo con cuatro mesas que con veinte en la calle, dentro del corralito, frente a un escenario con cincuenta espectáculos de entrada libre, pagados por la Municipalidad?
A comienzos de diciembre pasado se impulsó un proyecto para repartir los espectáculos entre todos los lugares habilitados en la ciudad para tal fin. Y se proponía además la contratación de excelentes artistas de la región. Se daba así trabajo a quienes están aquí todo el año, artistas y comerciantes que apuestan por esta ciudad, no sólo en temporada.
Se respaldó la iniciativa con 400 firmas, se presentó en Audiencia Pública y se discutió en dos reuniones en el Concejo Deliberante. Todos coincidieron, incluso los concejales del oficialismo, ante la racionalidad de la propuesta. Pero finalmente dijeron que todo dependía de Buonamico. Cuando ya parecía que nada se lograría, se propuso aceptar al menos el punto de reubicar el escenario, para que la circulación vehicular y el ingreso al centro no se viera perjudicado. Pero ni eso se logró.
¿A cuánto vendió Buonamico la Casa de Nelly? ¿Ya había cobrado un monto relacionado a 20 mesas frente al escenario? ¿Vale lo mismo ese negocio con cuatro mesas que con veinte en la calle y los espectáculos municipales?
La ética en la función pública no es un atributo de Buonamico. Sus mentiras y negocios espurios están a la vista de cualquiera, menos de la Fiscalía de Cosquín a cargo de María Alejandra Hillman, que siempre tiene la asombrosa capacidad de mirar para otro lado.

jueves, 28 de enero de 2010

Los cuentos que Omar Hefling nos cuenta


Del excelso periodista y escritor Omar Hefling pueden decirse muchas cosas, lo sabemos, algunas un tanto sospechosas, otras sin el mínimo fundamento. Pero con la premeditada intención de que cada uno se sumerja como pueda en sus cuentos y aventuras hilarantes, sólo decimos que vamos a publicar en este blog un par de los que integran el libro “El escritor oculto” (una delicia para las neuronas) que acaba de presentar en La Casa de España Córdona, y en Ugolino RestoArte, de La Falda.

Comentarios sobre el libro de Oliverio
Ochava

Justino Vargas, el socio del silencio


La trayectoria de Justino Vargas, dice el periodista y antropólogo del deporte Oliverio Ochava, no tiene parangón en la historia mundial del referato. Ejerció durante cuarenta años el ingrato oficio de juez de línea en los torneos de ascenso de la Asociación de Fútbol de Córdoba. Además de su conducta intachable era todo un caballero. Jamás respondió ni con un gesto a las innumerables agresiones que cobró su humanidad. Según Oliverio, Vargas no llegaba al metro sesenta de estatura y no acusaba en la balanza más de cincuenta y cinco kilogramos; tenía la gallarda figura de un jockey. Con una meticulosidad increíble plasmó en un par de cuadernos "los fríos números de la desdicha", como Justino llamaba a sus estadísticas: "Corrí casi 5000 kilómetros al borde de la línea de cal empuñando el banderín de la justicia sin que nunca me temblara el pulso a la hora de marcar una infracción", rescata el profesor Ochava de una entrevista que le realizara conmovido por su valentía, elevándolo a la altura de los jueces italianos del caso mani pulite. Las estadísticas de Justino Vargas sobre las agresiones que padeció son escalofriantes y estremecedoras: "A lo largo de mi carrera me acertaron 6000 naranjazos, por lo que a mí vitamina C nunca me faltó; las diversas hinchadas hicieron gala de puntería haciendo blanco en mi persona en 3800 oportunidades con tomates y huevos podridos, y en alrededor de 1500, con piedras y monedazos.
Los cracks sin ética deportiva me hicieron víctima de por lo menos veinte agresiones físicas por lo que mi boca desdentada no es más que un clamor de justicia". Refiere Ochava con orgullo que las doce piezas dentarias, la totalidad de incisivos y caninos inferiores y superiores que le fueran obsequiadas por Justino antes de morir a comienzo de los ochenta, tendrán un sitial de honor en el "Museo de la Impunidad del Balonpié", que lentamente toma formas en el garaje de su casa. Su retiro se produjo a los sesenta años y si bien Justino adujo que la causa fue un boicot de las camadas jóvenes de jueces corruptos, en verdad fue por la pérdida de capacidad visual. Se dice que invalidó un gol en contra por posición adelantada, creyendo que era un delantero el defensor que en el intento de jugar con su arquero clavó la pelota en el fondo de la red. Según el profesor Ochava, los restos de de Justino Vargas descansan para siempre en el cementerio de San Vicente. En su tumba no hay flores, en la cabecera se yergue ondulante un banderín. Y hasta el día de hoy, todos los lunes aparecen sobre el rectángulo naranjas reventadas.


Para comunicarse con Hefling, haga un clik sobre su foto evoista e ingrese a su blog.

miércoles, 13 de enero de 2010

Dale ahora que no nos mira nadie


La participación ciudadana y la calidad de la democracia

“Dale ahora que no nos mira nadie”, imagino que debe decir un ladrón a otro, a punto de quedarse con lo ajeno, en cualquier circunstancia. Y es que llegado al momento cumbre de cualquier fechoría, justo cuando se está por pasar la línea, el instante a partir del cual ya no habrá retorno, estas personas buscarán asegurarse lo más que puedan que no habrá testigos del hecho que los puedan identificar, por ejemplo el momento de saltar la tapia en dirección a un garrafa de gas, por dar un caso casi inocente en los tiempos que corren.
La preocupación de cualquier persona será, en estos casos, que nadie los mire cuando hacen lo que hacen.
Cuando se encuentran a punto de saltar la tapia, justo en el límite a partir del cual ingresarán a una casa en busca del botín, cuando el delito comienza a ser configurado y de los planes se pasa a la acción, en ese preciso momento los ladrones deben asegurarse que nadie los mire, que no haya testigos. Por caso, la presencia de o la observación de un vecino podría ser letal para los malhechores. Si alguien diera aviso a las autoridades podrían ser agarrados in fraganti. O acaso identificados y luego buscados. Ese vecino no estaría haciendo otra cosa que transmitir la información de un hecho concreto, con lo cual perjudicaría decisivamente a nuestros ladronzuelos, quienes así se verían perjudicados, de modo directo, por la circulación de esa información.
Aunque no lo racionalicen de modo filosófico, nuestros ladrones de garrafas tienen como enemigo primero la esencia constitutiva de la libertad de expresión.
La libertad de prensa, que hace circular sin censura previa la información, atenta también contra estos pequeños apropiadores de lo ajeno.
¿Y si el vecino observa y decide callar por temor o indiferencia? ¿Y si la prensa deja de publicar información de hechos comprometedores que eventualmente pudieran poner en riesgo la impunidad de quienes los llevan a cabo? Así lo hiciera por temor, indiferencia o por la autocensura que cotiza en jugosas pautas publicitarias oficiales o privadas, cuando la prensa calla es otra puñalada a la libertad de expresión, al derecho ciudadano de acceder a la información de los temas que se relaciones con el interés público.
Si el vecino observa, se esconde y calla, verá cómo en su barrio se irán esfumando las garrafas.

La calidad de la democracia
De esto se trata la participación ciudadana como elemento esencial que define la calidad de la democracia y la calidad de vida general en una sociedad cualquiera.
Tentados por el veneno del poder, igual a como ocurre con la heroína, sólo parecen sus víctimas calmarse de momento con otra dosis más grande de poder y así hasta la locura.
Con frecuencia y regularidad asombrosas, fuera de la ética, en todas las latitudes, tiende el hombre a irse quedando con todo lo más que pueda, a acumular, a sumar en sus cuentas la mayor cantidad de dinero posible.
El veneno del poder, que tiene el aroma del papel moneda y el brillo del oro arrastra a los hombres y mujeres en todas las latitudes hacia la codicia sin límites, aún a costa de los otros, y desde los gobiernos peor aún, con el dinero y las necesidades de los otros.
En el planeta, de modo sistemático y racional, se miden vectores, se logran estadísticas que van mostrando resultados. Una de estas mediciones internacionales tiene que ver con la calidad de la democracia. El ranking, realizado en este caso por la revista inglesa The Economist, está basado en el análisis de 60 indicadores agrupados en cinco categorías, consideradas factores esenciales en una democracia: proceso electoral y pluralismo; libertades civiles; funcionamiento del gobierno; participación política, y cultura política. El índice de democracia es el promedio de los valores de cada categoría, en una escala del 0 al 10.
De acuerdo a este estudio, las democracias más plenas en el mundo se dan en los siguientes países: . 1 Suecia, 2 Islandia, 3 Holanda, 4 Noruega, 5 Dinamarca, 6 Finlandia, 7 Luxemburgo, 8 Australia, 9 Canadá, 10 Suiza.
No es casual, pero en estos países, sus ciudadanos gozan de la mejor calidad de vida. En estas diez naciones de la tierra se verifica, además, las menores diferencias socioeconómicas entre quienes más y menos tienen.
Si damos vueltas por el mundo y recogemos las pruebas, llegamos a una conclusión categórica: Donde la democracia es más plena, la gente vive más dignamente.
Y todo se debe, en principio, al grado de participación ciudadana en los asuntos públicos. Se trata del vecino que no se hace el distraído cuando a otro le van a robar la garrafa, y del ciudadano que se atreve, y de la prensa comprometida con principios y nos con gobiernos.
Así llegamos a nuestras comunidades. Y mientras hay cabezas duras o miopes que le endilgan a la democracia los males que vivimos, hay también por suerte cada vez más vecinos que se asumen ciudadanos, protagonistas de un destino común, que se vuelcan cada vez con mayor madures y convicción, a la participación ciudadana.
Todos ellos, los que participan desde las instituciones, desde la solidaridad, las 27 instituciones del Concejo de la Ciudad, los que se autoconvocan por algún motivo, los partidos políticos que buscan abrir sus puertas y en general desde cualquier lugar de participación por informal que esta fuera, están generando, aunque no lo sospechen, aunque con frecuencia sobrevenga el desánimo, una mejor calidad democrática de la sociedad, una mejor calidad de vida para todos.
En pequeñas comunidades como La Falda, donde la participación ha explotado en los últimos tiempos a partir de la reacción ciudadana frente a los desmanes de las autoridades, hay una cosa que ya es clara y cierta: El próximo Gobierno municipal, del signo político que sea, estará mucho más observado, mucho más controlado por esta participación.
El que viene será, sin dudas, un Gobierno mejor.

Dale ahora que no nos mira nadie


La participación ciudadana y la calidad de la democracia

"Dale ahora que no nos mira nadie”, imagino que debe decir un ladrón a otro, a punto de quedarse con lo ajeno, en cualquier circunstancia. Y es que llegado al momento cumbre de cualquier fechoría, justo cuando se está por pasar la línea, el instante a partir del cual ya no habrá retorno, estas personas buscarán asegurarse lo más que puedan que no habrá testigos del hecho que los puedan identificar, por ejemplo el momento de saltar la tapia en dirección a un garrafa de gas, por dar un caso casi inocente en los tiempos que corren.
La preocupación de cualquier persona será, en estos casos, que nadie los mire cuando hacen lo que hacen.
Cuando se encuentran a punto de saltar la tapia, justo en el límite a partir del cual ingresarán a una casa en busca del botín, cuando el delito comienza a ser configurado y de los planes se pasa a la acción, en ese preciso momento los ladrones deben asegurarse que nadie los mire, que no haya testigos. Por caso, la presencia de o la observación de un vecino podría ser letal para los malhechores. Si alguien diera aviso a las autoridades podrían ser agarrados in fraganti. O acaso identificados y luego buscados. Ese vecino no estaría haciendo otra cosa que transmitir la información de un hecho concreto, con lo cual perjudicaría decisivamente a nuestros ladronzuelos, quienes así se verían perjudicados, de modo directo, por la circulación de esa información.
Aunque no lo racionalicen de modo filosófico, nuestros ladrones de garrafas tienen como enemigo primero la esencia constitutiva de la libertad de expresión.
La libertad de prensa, que hace circular sin censura previa la información, atenta también contra estos pequeños apropiadores de lo ajeno.
¿Y si el vecino observa y decide callar por temor o indiferencia? ¿Y si la prensa deja de publicar información de hechos comprometedores que eventualmente pudieran poner en riesgo la impunidad de quienes los llevan a cabo? Así lo hiciera por temor, indiferencia o por la autocensura que cotiza en jugosas pautas publicitarias oficiales o privadas, cuando la prensa calla es otra puñalada a la libertad de expresión, al derecho ciudadano de acceder a la información de los temas que se relaciones con el interés público.
Si el vecino observa, se esconde y calla, verá cómo en su barrio se irán esfumando las garrafas.

La calidad de la democracia
De esto se trata la participación ciudadana como elemento esencial que define la calidad de la democracia y la calidad de vida general en una sociedad cualquiera.
Tentados por el veneno del poder, igual a como ocurre con la heroína, sólo parecen sus víctimas calmarse de momento con otra dosis más grande de poder y así hasta la locura.
Con frecuencia y regularidad asombrosas, fuera de la ética, en todas las latitudes, tiende el hombre a irse quedando con todo lo más que pueda, a acumular, a sumar en sus cuentas la mayor cantidad de dinero posible.
El veneno del poder, que tiene el aroma del papel moneda y el brillo del oro arrastra a los hombres y mujeres en todas las latitudes hacia la codicia sin límites, aún a costa de los otros, y desde los gobiernos peor aún, con el dinero y las necesidades de los otros.
En el planeta, de modo sistemático y racional, se miden vectores, se logran estadísticas que van mostrando resultados. Una de estas mediciones internacionales tiene que ver con la calidad de la democracia. El ranking, realizado en este caso por la revista inglesa The Economist, está basado en el análisis de 60 indicadores agrupados en cinco categorías, consideradas factores esenciales en una democracia: proceso electoral y pluralismo; libertades civiles; funcionamiento del gobierno; participación política, y cultura política. El índice de democracia es el promedio de los valores de cada categoría, en una escala del 0 al 10.
De acuerdo a este estudio, las democracias más plenas en el mundo se dan en los siguientes países: . 1 Suecia, 2 Islandia, 3 Holanda, 4 Noruega, 5 Dinamarca, 6 Finlandia, 7 Luxemburgo, 8 Australia, 9 Canadá, 10 Suiza.
No es casual, pero en estos países, sus ciudadanos gozan de la mejor calidad de vida. En estas diez naciones de la tierra se verifica, además, las menores diferencias socioeconómicas entre quienes más y menos tienen.
Si damos vueltas por el mundo y recogemos las pruebas, llegamos a una conclusión categórica: Donde la democracia es más plena, la gente vive más dignamente.
Y todo se debe, en principio, al grado de participación ciudadana en los asuntos públicos. Se trata del vecino que no se hace el distraído cuando a otro le van a robar la garrafa, y del ciudadano que se atreve, y de la prensa comprometida con principios y nos con gobiernos.
Así llegamos a nuestras comunidades. Y mientras hay cabezas duras o miopes que le endilgan a la democracia los males que vivimos, hay también por suerte cada vez más vecinos que se asumen ciudadanos, protagonistas de un destino común, que se vuelcan cada vez con mayor madures y convicción, a la participación ciudadana.
Todos ellos, los que participan desde las instituciones, desde la solidaridad, las 27 instituciones del Concejo de la Ciudad, los que se autoconvocan por algún motivo, los partidos políticos que buscan abrir sus puertas y en general desde cualquier lugar de participación por informal que esta fuera, están generando, aunque no lo sospechen, aunque con frecuencia sobrevenga el desánimo, una mejor calidad democrática de la sociedad, una mejor calidad de vida para todos.
En pequeñas comunidades como La Falda, donde la participación ha explotado en los últimos tiempos a partir de la reacción ciudadana frente a los desmanes de las autoridades, hay una cosa que ya es clara y cierta: El próximo Gobierno municipal, del signo político que sea, estará mucho más observado, mucho más controlado por esta participación.
El que viene será, sin dudas, un Gobierno mejor.

lunes, 4 de enero de 2010

La ciudad del Gran Pez, el decadente Sofovich y un candidato para el 2011


En el cuento “Historia del guerrero y la cautiva”, Jorge Luís Borges describe un hecho que lo asombra, ocurrido en Europa entre el siglo VI y VIII. Describe a un guerrero de una civilización rudimentaria, los bárbaros, que venían de la región del Danubio y del Elba, de lo que hoy se conoce como Alemania, “de las selvas inextricables, del jabalí y del uro”, para atacar ciudades del Imperio Romano. Ya en Italia, a las puertas de Ravena, el guerrero Droctulft, decidió convertirse y terminó defendiendo la ciudad, muriendo en esa misma batalla. Borges, entonces, se pregunta qué vio el guerrero para cambiar de idea. Lo describe con su genial maestría: “Las guerras lo traen a Ravena y ahí ve algo que no había visto jamás, o que no ha visto con plenitud. Ve el día y los cipreses y el mármol. Ve un conjunto que es múltiple, sin desorden; ve una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones, de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Ninguna de esas fábricas (lo sé) lo impresiona por bella; lo tocan como ahora nos tocaría una maquinaria compleja, cuyo fin ignoráramos, pero en cuyo diseño se adivinara una inteligencia inmortal… Bruscamente lo ciega y lo renueva esa revelación, la Ciudad”.

La ciudad del Gran Pez
Varios siglos después que Droctulft, el intendente de La Falda, Marcos Sestopal, conocido en la comarca como El Gran Pez, no ha logrado en más de seis años de gestión, y con recaudaciones históricas, dar un ordenamiento mínimo a la ciudad. Aquellos jarrones y estatuas de Ravena son el mobiliario municipal urbano inexistente, la falta de cartelería básica, la inexplicable ausencia de cestos de basura y la consecuente mugre permanente de los espacios públicos. En las ciudades de la antigua Roma, los edificios principales formaban los espacios abiertos donde el pueblo se reunía. Aquí le dimos el Hotel Edén a los Amigos del Poder y de paso le hacemos toda la promoción con dineros públicos. Los empleados de alumbrado público se disculpan ante los vecinos que reclaman por las calles oscuras, confesando la falta de focos por falta de dinero, pero se paga la luz a los amigos. A otros vecinos que intentan formar una fundación de fines benéficos el Gran Pez, en persona, les dice que no hay un peso para nada. Pero después no se miden los gastos para Sofovich y su gaterío decadente y televisivo. No hay dinero para tratar a nuestros jóvenes cuando caen víctimas del alcohol y las drogas duras, pero el secretario de Turismo Daniel Buonamico se gasta fortunas en cuarenta espectáculos de entrada libre que aportan tan poco que ni se anima a poner el escenario en el playón del andén del ferrocarril, temiendo un previsible fracaso de asistencia de público, que demostraría la inutilidad del millonario gasto como elemento de atracción al turista ¿Alguien imagina que los turistas vienen a La Falda atraídos por los espectáculos de la Avenida? Todos imaginamos, sin embargo, que algo extraño debe ocurrir en la oficina de Buonamico, donde se pagan los contratos más onerosos de la Argentina, según el testimonio de los propios artistas beneficiados por el generoso Secretario de Turismo. Por citar un caso, en febrero pasado, una cantante de tango estaba feliz porque, por primera vez en su vida, había cobrado siete mil pesos por una actuación, más los pasajes, el hotel, almuerzo, cena y remis al aeropuerto. Ni en el Sheraton de Buenos Aires le pagan la mitad. Estos ejemplos se multiplican y la generosidad de Buonamico, con los dineros públicos, no tiene límites.

“Felicitaciones por el Intendente que tienen”
Eso dijo Sofovich en el Auditorio el lunes pasado, en la fiesta de apertura de temporada. “Algo histórico, nunca visto”, lanzó el locutor, mientras las decadentes Primas cantaban “Sacá la mano Antonio que mamá está en la cocina”.
¿Cuánto nos saldrá la movida del verano de Sofovich a los faldenses?
Sin dudas, de aquellas ciudades romanas, el Gran Pez sólo ha recuperado la cuestión del circo. “Pan y circo”, la fórmula antigua que se multiplicó hacia la decadencia de aquél imperio.
Sestopal está ido. La ciudad no le interesa. Sólo le queda gastar el dinero que ahora no tiene para buscar el efecto efímero de codearse con famosos decadentes. Fracasó su faraónica y costosa obra de gas, no convoca ni a los empleados municipales para hacer su mentiroso consenso y el plan integral no ha logrado integrar a nadie porque nadie le cree y ahora, para salvar las papas de aquellos intereses que representa, viene el ministro Carlos Caserio y anuncia junto al Gobernador seis millones de pesos para remodelar la Av. Edén.
La obra es necesaria y es interesante como punto de partida de una planificación urbana inexistente. Los barrios y toda la ciudad también necesitan inversión pública. Está planteada desde hace ocho años por arquitectos, ingenieros y profesionales locales. Con lo que se gastó en espectáculos gratuitos en toda su gestión, ya estaría terminada, y la ciudad comenzaría a parecerse a una ciudad agradable para ser visitada, para asombro de los visitantes, que por ahora seguirán llegando a la abandonada Terminal de ómnibus que tenemos, sucia y destruida.

Una figura con buena imagen se busca
Sestopal, políticamente, está liquidado. Entonces Caserio acordará con el Defensor del Pueblo Mario Decara, también con billetera abultada de dineros públicos, una figura “respetable” para que inaugure sobre finales del año que ya comienza la obra de la Avenida Edén. Y habrá más circo, y mucho dinero para eventos efímeros. Y allí aparecerá el sucesor del Gran Pez.
Será una persona de buena imagen, incluso alguien que pudiera tener buenas intenciones. Pero representará los intereses del dúo dinámico de la política vernácula. Y Guillermo Piñeiro seguirá en la Procuración. Y los negocios seguirán porque los Amigos del Poder siempre estarán allí. Para todos ellos, el Gran Pez y sus caprichos es la pesadilla que hay que soportar y apuntalar un tiempo más, mientras se viene la figura de recambio.
Mientras tanto, en esta temporada, Sofovich nos repetirá las felicitaciones por tener el Intendente que tenemos y por su equipo de Gobierno.
En el mientras tanto, brindemos por el año nuevo, que nos recuerda, puntual, que todo pasa. Pero atenta la neurona, que el fin del Gran Pez no significará, necesariamente, el final de este proyecto de poder que nos gobierna, basado en el saqueo de las arcas públicas.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Otra vez en la picota


La Justicia declaró nula, otra vez, la designación de Mario Decara como Defensor del Pueblo.


La sociedad política transversal Caserio - Decara y otro bache en el camino


Los costos políticos que con frialdad calculan personas como el Defensor del Pueblo Mario Decara y el ministro de Gobierno de Córdoba, Carlos Caserio, a veces suelen ser más importantes que los pensados.
Por segunda vez el fallo de un Juez en primera instancia declara inconstitucional la designación de Decara. Se trata de Manuel José Maciel, a cargo del Juzgado de Primera Instancia Civil de 47ª Nominación de Córdoba, y este es su segundo fallo en el mismo sentido.
Primero fue la presentación del legislador radical Dante Rossi. En esa ocasión, el magistrado señaló que "si la Legislatura la integran 70 miembros, los dos tercios son 47" y agregó que "para un hombre de derecho es fácil colegir tal lectura que no ofrece palabras ambiguas ni alambicadas”. Pero en la ocasión Súper Mario se limitó a decir secamente que no pensaba en renunciar al cargo, y el Gobierno Provincial apeló la medida. Fue la Cámara 8ª en lo Civil y Comercial de Córdoba quien revocó la sentencia de Maciel al considerar que “la interpretación en base a la cual se designó al Defensor del Pueblo fue efectuada por la Legislatura dentro del ejercicio de sus funciones”. Y que siendo la designación del ombudsman un acto esencialmente político, “éste no es susceptible de ser revisado por el Poder Judicial”. Esta resolución de la Cámara no fue apelada por el amparista Rossi, y Decara siguió en cargo.
Como se sabe, las interpretaciones de las leyes y la Constitución suelen materia de discusión para los mismos jueces encargados de semejante tarea.

La ola siempre vuelve
Meses después de aquella reafirmación en el cargo que le otorgó el fallo de la Cámara, el tema vuelve a ser tapa de todos los medios. Y Súper Mario está, otra vez, en boca de todos, y de la peor forma.
El cura Nicolás Alessio, quien fuera propuesto en este caso por el juecismo para ocupar la Defensoría del Pueblo, también había concretado una presentación en la Justicia solicitando la anulación de la designación. El mismo Juez Maciel reafirma su dictamen: "Una facción de legisladores, arrogándose facultades casi constituyentes, ha violado el procedimiento de una norma constitucional, designando por un procedimiento nulo al Defensor del Pueblo", aseguró el magistrado.
Súper Mario habrá leído con fastidio el fallo en los medios de prensa. Pero fiel a su estilo, sin estridencias, volverá a esperar que la Provincia apele y que la Cámara, instancia inmediatamente superior a la del Juez Maciel, vuelva a reafirmar su anterior sentencia, argumentando que la Justicia no puede revisar un acto político de la Legislatura, y re confirmándolo en el cargo.
Es curioso que para un Juez la designación haya sido producto de “una facción de legisladores que se arroga poderes constitucionales”, mientras que para otro Juez todo el desaguisado es un tema de la política donde no debe intervenir la Justicia. Difícil de entender semejante dispar interpretación de la Constitución de Córdoba en sus párrafos destinados a la elección del Defensor del Pueblo. Al fin y al cabo no se trata más que de unas pocas líneas que en principio parecen tan claras, y la política las vuelve tan diferentes en su interpretación.
En cualquier caso, cada nueva sentencia condenatoria y cada manito salvadora de la Cámara traerá otra vez, como una ola que siempre vuelve, el tema Decara a la consideración de la opinión pública.
La pareja más estelar de Punilla realizó una jugada de alto contenido político con la Defensoría del Pueblo. Varios pasos estaban planeados, como el de aumentar inmediatamente las partidas antes irrisorias con que contaba el Defensor antes de asumir Súper Mario de la mano de Caserio.
De una oficina triste y sin un peso, la Defensoría ahora cuenta con presupuesto que le posibilita no sólo pagar buenos sueldos a varios asesores sino también realizar compras de todo tipo impensadas en esa repartición, siempre en socorro de ciudadanos en problema.Ambos imaginaron que, superada la crisis por la designación, todo sería un crecimiento constante de la figura de Decara. Así, el peronista Caserio, habría influido decisivamente en el surgimiento de “la nueva dirigencia radical”. Ambos saben que un mismo partido político no se puede sostener por siempre en el poder. Por eso ensayan esta sociedad transversal, sumando esfuerzos para que, gobierne quien gobierne, ambos sigan manejando poder político real. Pero aún es incierto el triunfo de la estrategia. A pesar de la enorme influencia que juntos acumulan, cada tanto saldrá una nueva sentencia contraria a sus deseos, y estas noticias formales seguirán esmerilando, poco a poco, sus ya decadentes imágenes públicas.